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España respira con el gol agónico de Dani Olmo

Luego de 92 minutos de sufrimiento llegó la tranquilidad para los dirigidos por Luis Enrique, que tuvieron que poner un esfuerzo adicional para doblegar in extremis a su similar de Georgia. De momento no se le dan bien los débiles a la selección.

España respira con el gol agónico de Dani Olmo
Por:  AS

El fútbol es tan grande o tan pequeño como él quiera. La pelota manda, así que el Georgia-España, que amenazaba en el minuto 91 con llevarnos al diván del psicólogo, se tornó en el 92 en una victoria que nos garantizó la sonrisa para el resto del domingo. Tras mil y un toques no habíamos conseguido romper la resistencia georgiana y, de repente, un disparo lejano de Olmo y un error del meta Loria dibujaron el 1-2 en el marcador. Para marcar gol hay que tirar a puerta. Así de fácil.

Siete cambios, se dice pronto. Luis Enrique revolucionó el equipo que había tropezado ante Grecia, no quedaba otra. Aunque en la previa decía sentirse orgulloso del trabajo de medio campo hacia atrás (“creo que es el mejor partido a nivel defensivo de mi carrera como entrenador”, dijo), el asturiano decidió tocar todas las líneas para afrontar el partido en Tiflis. Sólo repitió el portero, Unai Simón. El meta alavés debutó con La Roja el pasado mes de octubre, en el amistoso con Holanda; desde entonces ha encadenado cinco partidos como titular, lo que más de uno entenderá como la mejor credencial para convertirse en el portero de La Roja en la Eurocopa. En defensa entraron Porro, que debutaba en la Selección, Llorente y Alba; en el centro del campo lo hicieron Busquets, Fabián y Pedri; y arriba, Bryan Gil, que con los veinte minutos de algarabía en el Nuevo Los Cármenes se ganó el puesto en el once. Por cierto, se trataba del once titular más joven de la Selección (24 años y 226 días de edad promedio) en un partido oficial desde marzo de 2005, frente a Serbia (0-0). Cortesía de Mr. Chip.

El primer incordio llegó pronto, a los seis minutos, con la amarilla a Diego Llorente, que recurrió al blocaje para frenar una contra iniciada con habilidad por Kvaratskhelia. Kankava, la roca, era el capitel que sustentaba a Georgia. Tenía en esta ocasión a Gvilia como compañero en el doble pivote, un andamiaje clave para que el equipo no se rompiera ante el movimiento de balón de los españoles. Gvilia fue una de las novedades introducidas por Willy Sagnol respecto a su debut del pasado jueves en Solna, con derrota ante Suecia por 1-0. Las otras piezas nuevas en el tablero del técnico francés eran Kakabadze, Kiteishvili y Zivzivadze, que formaba en punta.

Poco después, Kvaratskhelia forzaba otra amarilla en una nueva incursión en esta ocasión frenada en falta por Porro. Era el minuto 12 y el talento de la perla del Rubin Kazan ya había hecho de las suyas. Iría a más a medida que avanzara el partido, perdón por el spoiler. Los aficionados, unos 15.000, se hicieron notar en el paradón de Unai Simón tras cabezazo de Kashia en el primer córner botado por Georgia. Kashia era precisamente la voz de mando en defensa, desgañitándose con sus compañeros, a los que pedía que adelantaran la línea defensiva para no caer presa del toque y toque de La Roja.

El primer tiro a puerta de España, por más que el balón se fuera a las nubes, no llegó hasta el minuto 40. Un remate de Ferran Torres con la zurda tras una jugada que fue el mejor reflejo de la ofensiva española: tocar y tocar, con los internacionales pasándose la responsabilidad de rematar de unos a otros. Acto seguido, el zambombazo. Contraataque de Georgia y gol de Kvaratskhelia. Hizo fácil y en dos segundos lo que al otro lado del espejo costaba horrores. Recepción en la frontal de área, control con la derecha y remate raso con la izquierda ante el que nada pudo hacer Simón. Su única torpeza llegó al celebrar el gol con tal ímpetu que se dio un coscorrón con el cámara que trataba de captar el primer plano del centrocampista.

Los quince minutos del descanso parecieron muchos más. El 1-0 pintaba nubes demasiado negras en el cielo de las eliminatorias, quién lo iba a decir. El primer jarabe para esa tos no fue otro que la entrada de Olmo, uno de los fijos de Luis Enrique, por Gil.  Íñigo Martínez relevó a Diego Llorente, quizá para evitar riesgos por la tarjeta del central del Leeds. También Thiago suplió a Fabián, frío de principio a fin, pero apenas dio tiempo para que el trueque surtiera efecto pues en el 55’ llegó el gol que nos metió de nuevo en el partido. Jordi Alba, que no jugaba con la Selección desde septiembre de 2019, incidió por la izquierda y su pase fue errado por Morata pero no por Ferran, que al segundo palo firmaba el 1-1. Fueron los mejores minutos del lateral del Barça, que en La Roja no tiene a Messi, su socio predilecto, pero sí a Pedri, al que han bastado unos meses para desencriptar el lenguaje que Leo y Jordi han hecho mundialmente famoso. Eso tan difícil de lanzar verticales y paredes que todo el mundo sabe que van a llegar pero que nadie adivina. Algo así como lo que ocurre al ver bailar a Fred Astaire y Ginger Rogers. “Parece tan fácil”, piensa uno, pero…

Los minutos pasaban y el oxígeno escaseaba en los internacionales georgianos. Así que Sagnol fue dando entrada a Kvilitaia, Shengelia, Beridze, Kvekveskiri y Chabradze. Se había logrado frenar el empuje de España pero aún quedaban diez minutos por delante. Resistir o resistir. Y se logró hasta ese minuto 92 en el que Olmo nos devolvió con su gol al buen camino rumbo al Mundial de Qatar.

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