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La Real Sociedad se llevó la final vasca de la Copa de Rey

Un único gol de penalti en un encuentro en el que ambos rivales se cuidaron de masiado, no evitó que las emociones aparecieran al darle a la Real Sociedad una copa en 34 años. Un logro que sin duda marca a una generación.

La Real Sociedad se llevó la final vasca de la Copa de Rey

Una final sin público siempre es menos final. No se escucha el rugir de la afición, ni la explosión de júbilo al perforar la red. Tampoco el ánimo de los tuyos. Ni la decepción del rival. Es el fútbol pos-pandemia. El que nos han arrebatado y el que, tarde o temprano, algún día volverá. Y aunque la tromba de agua arreciaba sobre Sevilla para que ambos se sintieran como en casa, el miedo reinó en la primera final vasca de la historia que se llevó la Real Sociedad frente al Athletic Club de Bilbao gracias a un solitario tanto de Mikel Oyarzabal desde el punto de penalti. Treinta y cuatro años después, el conjunto 'txuriurdin' ha vuelto a tocar plata. Antes, claro, Iker Munian había desafiado al destino al tocar la Copa del Rey.

La primera parte sucedió sin demasiados sobresaltos. Con el conjunto de Imanol Alguacil tratando de generar superioridad numérica desde los primeros pases, con los pupilos de Marcelino García Toral anulando ese movimiento, esperando su oportunidad al contragolpe y con Guadalupe Torres Ayuso haciendo historia. Ambos, cómodos con la decisión del otro, optaron por protagonizar un primer tiempo de mínimos riesgos. Mejor pecar de prudente que meter la pata. Mucho duelo individual, balón aéreo dividido, centro paseándose por el interior del área sin rematador, pase de seguridad y neutralización del adversario. La Real Sociedad estaba cómoda llevando el peso del partido, pero cuando el Athletic incomodaba y los 'txuriurdines' buscaban en largo a Alexander Isak y Portu, Íñigo Martínez y Yeray Álvarez abortaban el peligro. El cuadro bilbaino blindó su zona de castigo. El miedo y el respeto se convirtieron en un tanteo sin fin. Como si la final se disputase a los puntos. En esas, Raúl García cazó un pase de Iñaki Williams en el corazón del área, pero su disparo, tenso e iracundo, se marchó por delante de los dominios de Álex Remiro.

Ninguno de los dos corrió riesgos

El encuentro superaba el ecuador del primer asalto y ambos parecían cómodos con el guion establecido. David Silva frotaba la lámpara y ponía a correr a Isak, pero el sueco no mostraba su colmillo dentro del área. El Athletic, experto en estas lides, se encomendó a un potente disparo de Íñigo Martínez desde fuera del área y Remiro tuvo que sacar a pasear una mano salvadora. Al filo de la primera parte, el choque había transcurrido sin sorpresas. A la vuelta de vestuarios, Mikel Oyarzabal centró, Íñigo Martínez fue al suelo, tocó el balón con la mano dentro del área por poco y Xavier Estrada decidió que había sido fuera. Sin tiempo para reflexionar alrededor de esa jugada, Mikel Merino castigaba la defensa adelantada rojiblanca con un pase medido hacia Portu e Íñigo Martínez derribaba al delantero. Estrada, que en primera instancia había enseñado la cartulina roja al zaguero, rectificaba y lo dejaba en una amarilla, pero mantenía la decisión de la pena máxima. Oyarzabal, tímido en la final hasta ese momento, abrazó la responsabilidad y enseñó a los presente su especialidad desde los siete metros. El txuriurdin engañó a Unai Simón y anotó el primer tanto de la noche en el minuto 63.

El gol cayó como un jarro de agua fría sobre los hombres de Marcelino García Toral. A partir de entonces, todo se precipitó en los ataques rojiblancos. Cuando el técnico astuariano quiso reaccionar, ya era demasiado tarde. Primero introdujo a Unai López por Unai Vencedor en el minuto 68 y luego, entraron Mikel Vesga y Asier Villalibre en el lugar de Dani García y Álex Berenguer en el minuto 76. El cuadro local colocó una doble punta e intensificó sus asedios sobre la meta de Remiro apelándo más al corazón que a la razón. En aquellos momentos, el Athletic tan solo se había dedicado a especular con el 0-0 y a esperar un gol de la nada, puesto que el disparo de Íñigo Martínez era lo único que se podía llevar a la boca todo aficionado bilbaíno. Por su parte, el técnico rojiblanco vociferaba en dirección a los suyos. Descontento con el pobre rendimiento ofensivo, aturdido por el gol 'txuriurdin', frustrado por desperdiciar la primera final de Copa que vivirá el Athletic Club en apenas dos semanas. En el 85, Alguacil refrescaba a los suyos. Apostó por Ander Guevara, Ander Barrenetxea y Carlos Fernández y se fueron David Silva, Portu y Alexander Isak. Tanta indecisión arbitral en el segundo tiempo forzó los ocho minutos de prórroga, pero la Real Sociedad, perfectamente plantada, aguantó el chaparrón de balones llovidos rojiblancos. El conjunto txuriurdin se iba a proclamar campeón y nadie lo podría evitar. La Copa ya es para los de Imanol Alguacil.

Randolph Borges

Periodista con experiencia en radio, tv y medios digitales. Columnista de opinión y periodista de investigación. Locutor de radio y voice over+ info

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