Política

La justicia española en tiempos de “normalidad democrática”

Hay muchas cosas que resultan difíciles de explicar si observamos el comportamiento de la justicia española en los últimos años. Algunos pensarán que se trata de un cúmulo de equivocaciones al azar, pero en el mundo de las casualidades solo los audaces se salvarán.

La justicia española en tiempos de “normalidad democrática”

Entendemos que la justicia fue creada por el hombre para defender valores de moral y apego a la ley. Por moral, conocemos esa doctrina filosófica que nos hace distinguir lo bueno de lo malo, mientras que la ley, es un conjunto de acuerdos sociales sobre los que se trata de establecer que todos los ciudadanos somos iguales y que nadie puede estar por encima de nadie. Visto esto, lo más objetivamente posible, la justicia en España perdió el rumbo desde hace rato.

Pablo Iglesias fue vapuleado por decir que la democracia en España no está bien.

El vicepresidente Pablo Iglesias prendió el ventilador hace poco sobre la “normalidad democrática” en el país, y lo hizo en medio de la pestilencia que despide el funcionamiento de muchas instituciones en su accionar. A nadie le gustó el hedor de ese cuerpo en descomposición que destapó Iglesias. Unos, porque se sienten aludidos en la defensa de instituciones y procedimientos que van justamente en dirección opuesta a la democracia occidental, otros, porque se afincaron en la crítica exagerada del “nada sirve”, cuando hay mucho por rescatar.

Lo cierto es que el señalamiento contra la democracia surge cuando el rey emérito Juan Carlos I, evade sus responsabilidades jurídicas, sale del país como si nada estuviera pasando y luego paga una fuerte suma de dinero para comprar el silencio por sus “pecados”. Todo ello, muy democráticamente, eso sí.

El rey emérito salió del país dejando varias cuentas pendientes con la justicia.

También ocurre la crítica en momentos en que la agonizante primera fuerza opositora del país, el PP, está envuelto en una de las tramas de corrupción más escandalosa que España conozca en su vida contemporánea. Se habla de más de 600 casos vinculados solamente con el tema Bárcenas, eso sin contar con las asignaciones a dedo de contratos en medio de la pandemia.

Esta fuerza política intenta desviar la atención sobre sus muchas culpas llamando "condenada" a una diputada que intentó frenar un desahucio contra una persona con discapacidad. Lo más descabellado es que la crítica parta de quien forjó documentos para hacer creer que tenía un título universitadrio. Seguramente muchos de quienes la cuestionan harían lo mismo que Isa Serra al ver la injusticia que se cometía en ese momento, porque lo contrario es negarse a pensar que hay humanidad en los corazones de la gente española, que en esencia, es solidaria.

La élite de los “normales democráticos” se enfureció cuando el canciller ruso Sergéi Lavrov les sacó en cara que no se metieran en los asuntos de su país sobre el tema del opositor Navalni, ya que tienen mucho que explicar sobre los presos políticos independentistas en Catalunya. Pero además hirvieron de indignación cuando Lavrov aprovechó las palabras de Iglesias para demostrar las costuras abiertas de la democracia española. Por más visible que esté la verdad, hay personas que se mantienen en la negación, más que por orgullo propio, por mera comodidad y temor a cambiar.

manifestación que pide la libertad de Pablo Hasél.

Pero siempre hay gotas que derraman el vaso, y en el caso español esa gota se llama Pablo Hasél. Un hombre preso por decir con música lo que piensa, un rapero que se atrevió a decirle a don Juan Carlos que lo que él y su familia hacen con el dinero de los españoles, no está bien, pero además de ello, llamó a sus compatriotas a defender lo suyo, por lo que lo acusaron de apoyar al terrorismo.

Claro, terrorismo, un tema muy sensible para los españoles. Lo utilizó muy bien la gente de Vox en su reciente campaña en Catalunya para señalar a los musulmanes como responsables de los males de la sociedad “decente” que ellos mantienen viva. Lo utiliza la justicia para señalar a los etarras y a los independentistas. Pero nadie dijo esta boca es mía, cuando la presidenta de Madrid recibió de brazos abiertos al terrorista prófugo de la justicia venezolana, Leopoldo López, ese que en su país dejó una estela de muerte y destrucción, organizó un golpe de Estado y financió una incursión armada extranjera contra su propio país.

La bienvenida a un terrorista.

En Madrid está el señor López, gozando de los privilegios de la aristocracia “normalmente democrática”, protegido por las instituciones españolas, por el Gobierno y por la oposición.

Un enredo diplomático que se pudo haber ahorrado.

La supuesta indignación que produjo la crítica a las instituciones españolas, no es más que miedo. Miedo a cambiar, a salir del estado de comfort, a ver que más allá de lo que se ha logrado se puede alcanzar mucho más. Tras las palabras cuestionadas de Pablo Iglesias, hay mucho temor a la pérdida de privilegios y lo peor de ello es que hay quienes aplauden a quienes los silencian.

La ira que desató el cuestionamiento a la democracia, no hace más que reafirmar que el paciente está muy grave.

Randolph Borges

Periodista con experiencia en radio, tv y medios digitales. Columnista de opinión y periodista de investigación. Locutor de radio y voice over+ info

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