Política

Los “mantenidos y subvencionados” de las colas del hambre se pierden entre la indiferencia en Madrid

Son miles y cada día se les suman más. Es una especie de epidemia silenciosa que viene creciendo en las calles de Madrid, sin que nadie se haya puesto a estudiar una “vacuna” para controlarla y tenerla a raya. Son las colas del hambre, abandonadas a su suerte por el Gobierno central y el Gobierno de Madrid entre la apatía y la condena.

Los “mantenidos y subvencionados” de las colas del hambre se pierden entre la indiferencia en Madrid

Crecen por todas partes sin control de ningún tipo, su principal forma de contagio se basa en políticas generadoras de pobreza, desempleo, exclusión, pero sobre todo de indolencia e indiferencia. Las colas del hambre en Madrid se ven crecer en Vallecas, Getafe, Aluche o San Blas, todas tienen como denominador común la subsistencia en un sistema que ha decidido lanzar a la basura a miles de personas.

En las colas coinciden personas con diferentes niveles de carencia económica.

Diferentes ONG´s y fundaciones que recaudan alimentos donados por particulares o empresas, son las que atienden a estas personas a las que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, llamó “mantenidos y subvencionados”. Muchos de ellos, profesionales, jubilados, emprendedores y trabajadores en paro debido a la pandemia, no se esperaban un trato tan denigrante mientras intentan buscar algo de alimento para sus familias.

El abandono del Gobierno central, que se demora una eternidad con el pago de los ERTE, se une al desamparo del Gobierno regional, que se ha dedicado a etiquetar a estas personas que luchan contra la pandemia del covid y contra la desidia de sus representantes políticos, en medio de las adversidades más complejas que jamás pensaron vivir en la Comunidad más rica de España.

“Creíamos que a estas alturas habrían tenido tiempo suficiente para ponerse al día, pero no ha sido así. El Gobierno no ha acelerado el pago de los ERTE ni la Comunidad la Renta Mínima de Inserción. A los barrios apenas han llegado unas pocas Tarjetas Familias con las ayudas anunciadas en agosto por el Ayuntamiento y las despensas solidarias no damos abasto”, lamenta Javier Cuenca, vicepresidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), consultado por La Vanguardia.

Los voluntarios denuncian que la cantidad de alimentos que reparten no alcanza para tanta gente.

Las cifras de atención a las personas que se benefician de estos programas de caridad, se incrementan a una velocidad vertiginosa en ausencia de la atención gubernamental, que ha preferido voltear hacia otro lado en medio de esta crisis.

Desde marzo del año anterior, Cáritas y la Fundación Madrina han pasado de atender a 400 personas al mes a entregar alimentos a 4.000 al día. La FRAVM proporcionó en 2020 productos de primera necesidad a 14.278 familias. Y el Banco de Alimentos, como muchas asociaciones vecinales, ha duplicado su distribución con una media de 95.000 kilos diarios.

No es La Habana ni Caracas, son las calles de Madrid.

Con la vergüenza en a las espaldas, muchas personas han tenido que recurrir a estos beneficios para poder comer. “Las colas son tan largas que muchas veces tenemos que guardar turno en la calle. Pero el hambre aprieta más que la estigmatización”, dice un hombre cabizbajo en una de las colas, que nunca pensó llegar a esta situación.

Otra señora en una cola de Vallecas, se quejaba de las “libertades” que ofrece el Gobierno regional. “La única libertad que nos están dejando es la de morirnos de hambre”, se quejaba mientras arrastraba un carrito vacío junto a dos de sus hijos.

Tal vez en medio de esta campaña electoral, a algún candidato se le ocurra hacer acto de presencia en medio de estas colas del hambre. Quizá de esta manera dejen de ser invisibles por un rato.

Randolph Borges

Periodista aficionado al maravilloso mundo de los comics y las películas de ciencia ficción. Locutor de radio y voice over+ info

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